Jorge y Alberto Sánchez Cabezudo: la ficción española lo ha hecho muy bien

Cada vez es más el talento que toma las riendas de la aventura empresarial que supone producir contenido. Los hermanos Sánchez-Cabezudo lo han tenido claro desde hace tiempo. A punto de estrenar su tercera serie para el pago, nos hablan de la importancia de la historia y de los procesos de desarrollo en ficción

Ha pasado ya una década -concretamente 12 años- desde que Jorge y Alberto Sánchez-Cabezudo hicieran historia con Crematorio, producida por Mod Producciones para Canal+ España, serie de la que son guionistas y que dirigió Jorge Sánchez-Cabezudo, con una extensa carrera a sus espaldas como guionista y director de series de televisión y de una obra cinematográfica, La noche de los girasoles. A Crematorio se le atribuye el cambio de la ficción en España y fue la primera serie española producida para el pago. Hoy me encuentro con ellos a punto de estrenar Nos vemos en otra vida (Disney+, 6 de marzo), producida desde Kubik Films, su productora, en la que los hermanos trabajan codo con codo. Es su segunda obra para televisión, después de La Zona para Movistar Plus+.

Este mes estrenan serie en Disney+, Nos vemos en otra vida, 12 años después de su primera serie, Crematorio, a la que se atribuye el cambio en la ficción española. ¿Están de acuerdo con esta afirmación?

ASC: Fue la primera serie que se pensó desde una cadena de pago como una serie premium. Es decir, una serie que no tenía una duración de 70 minutos como hasta entonces se había hecho en España, basada en una novela muy potente de Rafael Chirbes y de gran complejidad narrativa. Todas las directrices iban al modelo HBO desde Canal+. Lo que le pasó a Crematorio es que fue la primera serie y después se paró la producción de Canal+, con lo cual fue como un hecho aislado y creo que ha quedado como un referente de ese cambio de modelo, pero porque fue la primera.

JSC: Yo recuerdo también la intención de Fernando Bovaira cuando compra los derechos de Crematorio y creo que es importante resaltar también su voluntad de hacer una ficción que nos narrara como sociedad. En las charlas que teníamos había esa voluntad de, casi desde el género negro, contarnos a nosotros. Luego ha habido otras series que han tenido esa vocación patria, como Antidisturbios que, más allá del entretenimiento -y digo más allá porque implica seguirlas y engancharse a ellas-, tiene una intención de contarnos a nosotros mismos. Patria sería otro ejemplo. Y eso pasa con Nos vemos en otra vida, que también tiene esa intención y esa ambición.

Crematorio

¿Desde qué punto de vista se narra ese ser de la sociedad española en su nueva serie?

ASC: Cuenta uno de los de los momentos más trágicos de nuestra democracia. El 11M fue un episodio que generó una herida en nuestro país muy fuerte, y parte de lo que nos movía también a hacer esta serie era entender cómo pudo pasar algo así y cómo ha marcado nuestra sociedad.

Todas sus obras han sido producidas para el pago. ¿Creen que hoy sigue habiendo una ficción premium, o lo que ha pasado es que se ha democratizado el producto de pago?

JSC: Hay una voluntad en ciertas series -llamémoslas premium- que nos permiten hacer eso que tradicionalmente hacía el cine, pero con una estructura de capítulos. Las miniseries que tienen arcos de desarrollo más parecidos a los del cine, donde el propio arco dramático y el de los personajes son conclusivos, permiten dar conclusiones a la acción y a aquello que se quiere contar.

¿Qué ha cambiado en la producción de ficción desde que aparecieron el pago y las plataformas de streaming?

JSC: Pues ha cambiado todo. La pregunta quizás es qué no ha cambiado. Los procesos de producción son muy largos, a dos años vista, y los cambios en las tendencias son a meses. Es decir, ya no es la serie del año, es la serie del mes, de la semana… Los tiempos de la producción son tan largos que es muy complicado que el creador pueda crear pensando en qué es lo que va a gustar. Empezamos pensando en ficciones transnacionales y enseguida llegó lo local -que tenía que ser local, pero también que tuviera una repercusión fuera-. Al final, según han ido llegando las plataformas, han ido generando sus intereses. Y lo que tenemos que hacer nosotros es desarrollar historias y ver dónde son mejor recibidas. Intentamos generar ficciones sin tener en cuenta qué está saliendo o va a salir, porque eso es complicado. El modelo al arrancar nosotros La Zona era HBO. Y sin embargo, mientras rodábamos y cuando estrenamos, irrumpe Netflix y de repente todo el mundo los mira y se genera otro tipo de modelo. Creo que ese es el mayor reto profesional: entender lo que se está haciendo, cómo contarlo y dónde.

¿Piensan que la audiencia también ha cambiado con las nuevas formas de consumo? ¿O el espectador quiere que le cuenten las mismas historias de la misma manera?

ASC: Esa es una pregunta que nos hacemos todos los días. Creo que ahora mismo con las plataformas el uso de las tablets y los teléfonos se ha popularizado. Sabemos que ahora mucha gente consume las series en los dispositivos, con lo cual si ese premium de hace 10 años era el de HBO o el de un señor de 40 años, ahora sí que hay gente mucho más joven con acceso fácil a contenido y en ese sentido la ficción premium sí tiene un abanico enorme.

JSC: Y ahora, como en todas las etapas del cine y del audiovisual, la forma de contar -la narrativa- y las herramientas evolucionan. Es decir, con la aparición de los teléfonos, se populariza el hecho de que todos grabemos con móviles y estemos acostumbrados a ver cierto tipo de imágenes. En este sentido la actualización -no ya solo para un público joven, para nosotros también- se haya democratizado; el lenguaje cambia. Así, el proceso inteligente en la historia de la televisión, y también del cine, es no perderse; seguir siendo uno mismo mientras se entiende que la forma de conectar con tu público va variando y al final los avances tecnológicos son herramientas disponibles mientras la esencia de lo que cuentas es la misma. Es una obligación entender lo que se hace y cómo se hace.

Nos vemos en otra vida

Nos vemos en otra vida es la adaptación de una novela de Manuel Jabois y Crematorio adaptaba la novela de Rafael Chirbes, no así La Zona. ¿Cuál es la diferencia fundamental en el desarrollo de un producto a partir de propiedad intelectual de generación propia y ajena?

JSC: En ambos casos lo que nos suele mover a hacer un proyecto es el tema que trata, la oportunidad para nosotros mismos de hacernos preguntas y de investigar sobre algo que nos interesa. Y una vez que llegamos ahí, cuando abordamos una novela lo que nos interesa es la historia y el retrato de los personajes. En Nos vemos en otra vida ha sido muy claro y además tiene otra peculiaridad: son hechos reales, son personajes reales. Entonces la vocación, además de la serie, era recrear esos hechos dramáticos de una forma fidedigna, con una sentencia judicial, con una entrevista a un testigo… Y además, un artículo periodístico o una novela facilitan un pitch y ayudan a que el interlocutor visualice muy claramente lo que quieres hacer.

ASC: Además en este caso el autor sobre el que adaptamos, Manuel Jabois, tiene siempre una mirada muy especial en todo lo que hace. Es capaz de contarte cualquier cosa siempre desde un punto de vista diferente.

¿Cómo es el proceso de desarrollo para una plataforma? ¿En qué se diferencia de una serie para el abierto? ¿Afecta a esa etapa del producto la necesidad de disponer o no de producto con rapidez?

ASC: En un proyecto para una plataforma puedes estar mínimo de ocho meses a un año de desarrollo, que son tiempos muy largos para la televisión convencional, y es en interés de todos que esa etapa sea ágil. En este sentido, ahora con el apoyo de Newen hay una oportunidad bastante grande de poder hacer coproducciones, de poder hacer otro tipo de ficciones mucho más internacionales. En ese sentido, la fase de desarrollo sí es impactada por los tiempos, ya sólo con dos interlocutores, una productora y una plataforma, hacer un desarrollo rápido es complicado.

¿De qué forma valoran las series en la TV en abierto?

JSC: Lo que vemos en general es que hay tantísima cantidad de producto que elegir una historia diferencial que destaque entre las otras ficciones es complejo. Además en el streaming el producto está en competencia directamente internacional. Y cuando trabajábamos para las cadenas en abierto, competíamos con la ficción de al lado: Antena 3 con la de Telecinco, y eran dos ficciones españolas. Ahora no, ahora estamos en un catálogo donde hay ficción, y está Loki… Tú compites contra eso. Adicionalmente, ahora conviven en la misma plataforma productos mainstream con otros menos comerciales.

ASC: Con la aparición de la publicidad en algunas plataformas, lo que creo que ha cambiado es el modelo de ver del espectador. Ya no existe solo la plataforma nicho, que era la única que había, y la cadena frente a la que te sentabas a las diez para ver la serie, sino que incluso Radiotelevisión Española tiene la posibilidad de ver un enorme catálogo bajo demanda en línea. La riqueza es mayor y la competencia también.

«Los avances tecnológicos son herramientas disponibles»

¿Cuál es el posicionamiento de Kubik Films como productora independiente?

JSC: Nuestra estrategia es una apuesta continua por el talento que se basa en generar y desarrollar proyectos. Lo que manda es la historia y una apuesta por una factura de serie premium. Esto nos ha permitido estar con un grupo como Newan, que apuesta por nuestros proyectos. Nosotros desarrollamos muchos proyectos de todo tipo: tenemos drama, comedia, comedia romántica, series de época… Tenemos un catálogo grande de proyectos. Luego cada uno tiene su diferenciación que es su propia visión del mundo.

Su segunda serie, La Zona, tuvo un gran recorrido en el mercado internacional. ¿Consideran importante el mercado internacional para la producción de ficción?

ASC: Sí, yo creo que acabará siendo más fácil coproducir para alcanzar un público internacional. Lo que veo que está pasando en muchas cadenas europeas también es que antes se emitía la ficción americana, pero el hecho es que la ficción americana se ha quedado en las cadenas y plataformas americanas porque son internacionales. Y entonces las cadenas europeas para competir necesitan un producto que normalmente es propio, pero para el que se plantean las coproducciones. Ahí puede haber una barrera que son los tiempos para llegar a producir una coproducción, pero también una oportunidad: encontrará una forma y se aligerarán los procesos. Otra cosa que ha llegado para quedarse es la disminución de los originales, porque las cadenas han puesto un poco el freno, han liberado IPs y eso vuelve a abrir la puerta a los productores tradicionales que tenemos que buscar una financiación, unos socios, una coproducción… Eso también es imparable. Nosotros crecimos bajo el paraguas de los originales porque veníamos del talento y al final lo que se nos hacía era un encargo de producción sobre nuestra propia creación. Ahora se trata de volver de alguna manera a ser el productor tradicional, que permita conservar la IP; que el productor vuelva a ser el propietario y el gestor del talento que ha adquirido.

«Nos vemos en otra vida es una crónica criminal donde lo cotidiano es aterrador»

Según su experiencia, ¿creen que en España debemos importar algo de fuera o nuestra ficción es lo exportable?

JSC: Desde luego algo hemos hecho bien aquí en España. No sé si mejorable, pero que España se haya convertido en un hub de producción a nivel europeo internacional significa que la ficción española que empezó a funcionar a partir de las cadenas en abierto generó grandes equipos. La ficción española desbancó a las ficciones americanas. Hospital Central desbancaba a Urgencias en la noche de la televisión española y generó un público, gracias por cierto a ese formato que tanto odiábamos de los 70 minutos. Nuestras series eran muy rentables porque cubrían toda la franja y eso hizo que la industria de la ficción fuera muy pujante, que hubiera muchos equipos trabajando. Esto es un activo muy importante porque en otros países, como Francia, los que hacen cine sólo hacen cine y no hacen televisión. ¿Son dos mundos estancos completamente diferentes en España? Digamos que durante mucho tiempo realmente el cine y la televisión se han complementado tanto porque el cine es financiado en parte por las televisiones y también porque las series de televisión han permitido que los profesionales tuvieran una continuidad laboral.

El cine ha sido una industria que ha podido crecer y desarrollarse también gracias a la televisión. Nosotros también hemos vivido, por ejemplo en Bambú Producciones, cómo empezaron a hacerse cosas diferentes, como rodar por campos de luz. Entonces se produjeron unas aportaciones con una intención de calidad técnica que hicieron que cuando llega la ficción premium a España, nuestro país tiene unos niveles creativos y de calidad profesional muy altos y de repente ambas líneas confluyen y caen en buen lugar. La ficción española lo hizo muy bien y de hecho, considero que hay aprendizajes que podemos exportar. No digo que seamos los mejores, pero sí que lo que no pudimos hacer nosotros en el sistema tradicional, las plataformas lo han conseguido porque han eliminado barreras. Que de repente una serie como La Casa de Papel sea un fenómeno mundial, pues para la industria española, para todos nosotros, ha sido una bendición. ¿Y eso quién lo iba a saber?

Cómo autores y productores, ¿cuál es su objetivo?

Contar historias que nos muevan y que nos cuenten como sociedad.

¿Qué tendencias creen que marcarán el desarrollo de la industria audiovisual en España en este 2024?

JSC: Algo en lo que nos hemos fijado es que las películas están funcionando muy bien en las plataformas. Creemos que va a haber también ahí un cambio y que se va a tender a difuminar aún más el soporte. Adicionalmente, con esta saturación de la que hablábamos el espectador también necesita certezas y creo que eso también se va a traducir en propuestas concretas y más aún cuando los creadores están permanentemente entre los dos mundos.

ASC: Los creadores y productores somos como surferos; estamos en el mar y cuando vienen las olas intentamos cogerlas. Así que estaremos pendientes para coger la próxima.

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